Dos Fernandos: Trueba y Sánchez Dragó. Cualquiera diría que
ideológicamente están en las antípodas: uno de supuesta izquierda y otro
de aparente derecha (aunque en este último caso tenga mis dudas por lo
incalificable y variable de la persona).
Pues bien, Fernando Trueba
ha dicho y demostrado recientemente que nunca se ha sentido español.
Por otra parte, titulaba Sánchez Dragó un libro suyo como "Si hay
alguien que habla mal de España, es español" creo recordar, y tiene más razón que un santo. En España se critica mucho el producto patrio y cuando salimos al extranjero lo echamos de menos.
Pero entonces por esa misma analogía, Trueba sería el perfecto español y sin embargo no lo es (de sentimientos, no de carnet).
Y no lo es porque lo que entiendo yo que el quiso decir era lo contrario de lo que la mayoría de la gente ha entendido.
El día despues de su lapidación mediática, el director de "La niña de
tus ojos" aclaró sus declaraciones en la entrega del premio nacional y
explicó que había que cogerlas con pinzas...En fin que la ironía y el
doble sentido iban explícitas en ellas. Porque Trueba no se siente
ciudadano de ningún país, ni del suyo propio, sino del mundo.
En sus
declaraciones iniciales se hablaba de que incluso le hubiera gustado que
los galos hubieran ganado en la Guerra de la Independencia o cuando
jugaron contra nosotros en baloncesto. Son opiniones tan respetables
como el que desea que arda el coche del vecino. Quizás no era el marco
adecuado pero respetables son. La libertad de expresión por encima de
todo.
Y respecto a la devolución del importe ganado con el premio no
veo porqué lo tendría que hacer puesto que de lo que he leído de sus
declaraciones, lo expresado son sentimientos. También hay críticas y ¿es
que ni criticar se permite ya? Es más, ha pedido perdón el día después a
quien se hubiera sentido ofendido.
Al que esto escribe más bien le
parece que un buen español no es el que prefiere la espada a la pluma ni
el que se compara y critica a su vecino o el que habla sin saber sino
el que construye y reparte amor y solidaridad entre sus conciudadanos y
vecinos, el que piensa que juntos avanzamos y separados destruimos, el
que tiene el valor de mirarse a si mismo y pensar en consecuencia cuando
todos opinan lo contrario o el que sabe pedir perdón.