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viernes, 17 de agosto de 2018

Aves de paso


Acaso un instante, una anatomía del instante como dijo Cercas.

El leve pero intenso y preocupante instante es el que asoma cuando por la esquina aparece la acongojante sensación de que somos aves de paso en esta vida terrenal.

Esa sensación de estar solo entre varios grupos de alegres paseantes. El asfixiante pensamiento producido por la incomprensión…y por la indiferencia.

¿Es agosto quizás el mes más propicio para experimentar la soledad si las circunstancias vitales y los hechos desencadenantes se unen en pro de esta circunstancia?

Presente frente a pasado y futuro. Pensando y pensando se llega a los dos vértices, a las cumbres del tiempo.

Queremos vivir en el presente, disfrutar de él…cachondearnos de la vida obviando los malos acontecimientos. Queremos ser unos animales no racionales y ser capaces de tener la capacidad de no padecer, la cualidad de que no nos afecten los nervios ni las emociones.

Pero ¿y cuando uno es consciente, de casualidad sobrevenida, que la existencia es efímera y que podríamos no tener un objeto en esta vida? Que parecería probable que fuéramos un mero capricho del azar, creados por la madre naturaleza como el que crea un dibujo de la nada o salido de un mísero grano de sal.

Entonces ahí parecemos agujas en el inmenso pajar que es el universo. Y aún así, el universo podría ser otro minúsculo e insignificante pajar dentro de otros mundos.

Quien sabe. Habrá que cambiarse de bando.

¡Dios! Empiezo a odiar agosto.

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