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sábado, 4 de febrero de 2017

¿De qué va la historia? Autonotas con desgarro.

Él buscaba siempre una historia que contar. Y no se daba cuenta que su propia historia era la más fascinante de entre todas las que se le pudieran ocurrir.

Pero no acababa de convencerse de ello. No tenía claro que sus vivencias pasadas o presentes fueran dignas de merecer las miradas de un solo lector que no fuera conocido suyo... o de uno de sus familiares.

Y siempre es el miedo. El miedo acaba saliendo a escena aunque no se le llame. Está presente en todos los ámbitos de la vida. Es una parte fundamental de un bucle contínuo, de la pescadilla que se muerde la cola. Una cola entrelazada, un ola de la que nunca se acaba de salir.

Y para vencer esos miedos, al final el escritor opta por rebajarse a un mero comentarista de la actualidad.

Y para ese fin, para no correr ficticios riesgos, decide emular a un intelectual, a uno de esos melancólicos críticos de cine con dos metros de patilla con los que uno, mientras este gafapasta demuestra sus reputados conocimientos cinematográficos, se podría echar una larga siesta cual documental de La Dos.

Y también, intentar estar a al altura de los televisivos copresentadores y comentaristas que en turno de mañana analizan la rabiosa y dichosa actualidad política o amorosa, con el únifo fin de que a este humilde, por no decir pobre, y miedoso escritor le invitaran a esas fiestas de etiqueta en la que solo hay que poner buena cara y una sonrisa Profiden.

Y no se daba cuenta que mientras se lo pensaba, había ideado un pequeño artículo con el que rellenar el espacio que ustedes están leyendo, si es que lo leen.
¡Ay! ¡Dichoso miedo!

miércoles, 20 de julio de 2016

¿Tenemos límites?



Al hilo de una discusión reciente en la Fundación Española de la Tartamudez, me viene a la mente otra que llevaba yo con unos amigos y amigas catalanes, en el encuentro anual de dicha Fundación en Valencia, hace unos cuantos años. En aquella ocasión y, en mi caso, llevado por el ímpetu joven del que está probando caminos nuevos insospechados, departíamos amigablemente en la terraza de un bar acerca de si los tartamudos debíamos o no ponernos límites en nuestra vida laboral o social.

Recuerdo que mis compañeros, a los que nunca más he vuelto a ver desgraciadamente, opinaban que si que tenemos unos ciertos límites a la hora de realizar tareas para los que una persona fluida (léase la que no es tartamuda ni por asomo), ahora vengo leyendo que se denominan normofluidas, se basta y se sobra. Y yo les debatía ese concepto, para mí erróneo. Y poníamos como ejemplo el caso de un controlador aéreo, y yo con mi natural desparpajo, sin pensar ni reflexionar, me lanzaba a afirmar que no hay límites, que éramos nosotros los que nos infringíamos ese castigo de autoimponernos límites. Que cualquier persona tartamuda podía dirigir el tráfico aéreo de un aeropuerto con la misma facilidad que una fluida.

Hoy, muchos años después, con varias mochilas a la espalda, un espíritu más sereno y reflexivo y, sobretodo, con mucha experiencia vivida en torno a la tartamudez, concretamente a mi tartamudez que es la que importa, reniego de aquellas opiniones vertidas por mi persona pero no en su totalidad, sino en partes. Habría que matizar...y para eso me explico.

Para empezar, no niego que haya que esconder la tartamudez o no aceptarla, por supuesto. Quienes me conocer saben que opino todo lo contrario, es el único camino para ser un poco más felices. Tampoco niego que sea recomendable poder superarse, no ponerse límites ni fronteras... es más, animo a mis allegados a que se crezcan ante las adversidades, tengan la limitación que tengan. Tener una aptitud vitalista, positiva y de superación es clave para superar las dificultades y trabas que la vida nos pone a diario. 

A superarse y afrontar retos, algunos lo llaman salir de la zona de confort. Esto es matizable. Salir de la zona de confort entiendo que hace referencia a intentar hacer frente a unas dificultades que un individuo tiene y que tiene esa necesidad vital de superarlas. Para otros salir de la zona de confort será afrontar nuevos retos porque se lo pide el cuerpo (o vete a saber, lo mismo es la pareja que es una aventurera). Pero si estamos hablando de salir de la zona de confort para saltar al vacío sin paracaídas o llevar una vida de sufrimiento y complicaciones de todo tipo, hay que preguntarse qué es lo resaltable o interesante de salir de la zona de confort. 

Pero respecto al tema que íbamos a tratar, el de los límites, ¿es correcto afirmar que el ser humano no tiene límites? ¿Puede un atleta que se haya quedado cojo correr una maratón a igual ritmo que otro que no lo sea? ¿Es válido, ético, aceptable o normal que una persona con tartamudez severa trabaje de comercial sabiendo que no va a poder ejercer su labor profesional al igual que una persona no tartamuda?

Respecto a la primera pregunta, cada persona tiene unas capacidades pero no todos tenemos las mismas, bien porque no se tiene ese don innato, no se ha ejercido o porque no se puede, simplemente, por problemas físicos, psíquicos o psicológicos. A la segunda pregunta se le responde muy rápidamente y no creo que merezca la pena comentarla porque no hay un sí.

Y con respecto a la última interrogación la cosa cambia. Estamos hablando de que un tartamudo (el tema de que siente y padece un tartamudo da para otro tema mucho más largo puesto que no es solo la dificultad para hablar sino la ansiedad, estrés, nerviosismo, dolores, salud...asuntos desconocidos para una persona fluida) en el que su primera dificultad es hablar fluidamente (no digo rápido sino fluido) se tiene que enfrentar a un trabajo diario de ocho horas o más en el que va a tener que usar como vehículo de trabajo y de comunicación, precisamente, lo que menos puede usar. Y no lo digo solo por la incomodidad social o psicológica, que eso en mi caso está superado, sino por la física, que es la que realmente me importa.  Porque el esfuerzo físico que ello conlleva en tartamudos como yo es realmente agotador, a veces insufrible. Por no decir del después: agarrotamientos, tensiones musculares, sensación de cansancio y abatimiento, etc. Seguramente que muchos tartamudos severos sabrán de lo que digo.

 Por supuesto todo tartamudo tiene el derecho de trabajar donde le plazca (derecho hasta hace poco no reconocido en determinados estamentos institucionales) y si es apto o no para este trabajo dependerá del grado y tipo de tartamudez,y de  su valía personal y profesional. ¿Porqué del grado y tipo de tartamudez? Porque sencillamente no es lo mismo un tartamudo severo que uno ocasional o leve. El severo, como es mi caso, es consciente de sus limitaciones porque ahí están, no las puede ni debe esconder. Eso no quita que haya tartamudos severos muy válidos para este u otros oficios y que haya tartamudos severos que a veces son fluidos. Pero es que eso es la tartamudez, muy cambiante y personal. Cada uno tenemos un tipo de tartamudez. Y va unida a unos factores sociales, genéticos, físicos o psíquicos que delimitan nuestro quehacer cotidiano. Por lo tanto no todos podemos hacer lo mismo aunque el hacer o dejar de hacer depende de muchos condicionantes, y los secretos de la mente son insospechados.

Ahora juzguen ustedes ¿Hay límites o nos creamos nosotros siempre los límites?

sábado, 30 de enero de 2016

Solamente Battiato, la magia del artista ante un solitario oyente en mi noche desnuda.
¿Qué es la magia? Battiato es magia.
Recuerdo esas noches adolescentes en mi cama, al abrigo del invernal frío serrano, con mi viejo walkman acompañándome en la oscuridad. Y esas cintas que había grabado del Padrone, de este siciliano que desde bien temprano mezcló musicas del mundo con muy buen gusto.
Una delicia volver a escucharle a mis 37 años. Y no me canso, es más, cada día me gusta más.
La belleza es Battiato, la teletransportarción es Battiato. Escuchándole se te pasa el tiempo sin darte apenas cuenta.
¡Viva Italia!



sábado, 26 de septiembre de 2015

Un buen español

Dos Fernandos: Trueba y Sánchez Dragó. Cualquiera diría que ideológicamente están en las antípodas: uno de supuesta izquierda y otro de aparente derecha (aunque en este último caso tenga mis dudas por lo incalificable y variable de la persona).

Pues bien, Fernando Trueba ha dicho y demostrado recientemente que nunca se ha sentido español. Por otra parte, titulaba Sánchez Dragó un libro suyo como "Si hay alguien que habla mal de España, es español" creo recordar, y tiene más razón que un santo. En España se critica mucho el producto patrio y cuando salimos al extranjero lo echamos de menos. 

Pero entonces por esa misma analogía, Trueba sería el perfecto español y sin embargo no lo es (de sentimientos, no de carnet).

Y no lo es porque lo que entiendo yo que el quiso decir era lo contrario de lo que la mayoría de la gente ha entendido.   El día despues de su lapidación mediática, el director de "La niña de tus ojos" aclaró sus declaraciones en la entrega del premio nacional y explicó que había que cogerlas con pinzas...En fin que la ironía y el doble sentido iban explícitas en ellas. Porque Trueba no se siente ciudadano de ningún país, ni del suyo propio, sino del mundo.

En sus declaraciones iniciales se hablaba de que incluso le hubiera gustado que los galos hubieran ganado en la Guerra de la Independencia o cuando jugaron contra nosotros en baloncesto. Son opiniones tan respetables como el que desea que arda el coche del vecino. Quizás no era el marco adecuado pero respetables son. La libertad de expresión por encima de todo.


Y respecto a la devolución del importe ganado con el premio no veo porqué lo tendría que hacer puesto que de lo que he leído de sus declaraciones, lo expresado son sentimientos. También hay críticas y ¿es que ni criticar se permite ya? Es más, ha pedido perdón el día después a quien se hubiera sentido ofendido.


Al que esto escribe más bien le parece que un buen español no es el que prefiere la espada a la pluma ni el que se compara y critica a su vecino o el que habla sin saber sino el que construye y reparte amor y solidaridad entre sus conciudadanos y vecinos, el que piensa que juntos avanzamos y separados destruimos, el que tiene el valor de mirarse a si mismo y pensar en consecuencia cuando todos opinan lo contrario o el que sabe pedir perdón.

lunes, 20 de abril de 2015

Primavera sugerida por Montero


"Déjame, pensamiento, déjame, 
 mañana seré tuyo, 
volveré a ser tu presa. 
 Pero hoy, 
 mientras la luz araña en los árboles y pide 
 una oportunidad, 
quiero que me recoja la inútil primavera".

−Luis García Montero

domingo, 19 de abril de 2015

Vivir es de valientes


Si alguna vez te asalta el miedo, ¡bienvenido!,
A mí también me pasa.
Si en cualquier momento de tu vida dudas, ¡bienvenido!,
A mí también me pasa.

Cuando luchas, cuando te

jueves, 16 de abril de 2015

Primavera sin razón



Esos días primaverales en que no te quieres retirar de la ventana.

¿Dónde quedaron aquellas tardes de la memoria infantil en los que el